
Esto no es un asunto baladí. Es nada menos que el tema de la saga “EL GENIO DEL BOTELLÓN”, que va de los números 10 al 20 de la serie americana del Burro de Hierro, y que en un tomo recopilatorio ha publicado recientemente en España, la editorial andaluza Er Mojo Editores. A lo lago de sus 160 páginas seremos testigos de la crisis espiritual padecida por Miguelín Mancuso, nuestro querido y económicamente fracasado Ingeniero, quien luego de una noche de botellón con unos amigotes despierta enfundado en su armadura burrera, entre las ruinas de un Centro Comercial (de los grandotes; todo un Mall) y sin recordar nada de lo que parece haber hecho: Derribar, al estilo Sansón, el templo del consumo y pintar con spray “Viva el trueque, carajo” en sus escombros.
¿Será cierto lo que dicen los medios: que Iron Donkey, el famoso súper héroe y antiguo defensor del orden, esa noche también destruyó la sede del Parlamento al tiempo que gritaba con voz de borracho “Trabajen para que coman, sinvergüenzas”? ¿Acaso fue un truco hecho con Fotoshow[1] la fotografía que muestra al Vengador Herrumbroso con una pea llorona[2] mientras reparte medicinas gratis a la gente, luego de violar los laboratorios High Healt, supuestos detentadores de la cura contra el cáncer?
Como sabemos, los medios de comunicación son los custodios de la verdad, incapaces de mentir por definición; así que nuestro héroe, con el alma carcomida por el desasosiego de haber usado su poderoso invento para atacar las sagradas instituciones que mantienen el orden mundial, cuelga su armadura, se raspa el cráneo e ingresa en el monasterio de los Fraternos Danzantes de San Pascual Bailón como penitencia por su atrevimiento. Sin embargo, cuando más tranquilo estaba flagelándose de lo lindo, surge una nueva amenaza: Su archienemigo, EL MALANDRÍN, aprovechando el retiro del héroe, roba las joyas de la corona de la Reina de Inflatierra y hace sufrir a las buenas gentes del mundo. Dilema: ¿Volverá Iron Donkey de su exilio a castigar a los criminales comunes, usando todo su poder de fuego justiciero? ¿Logrará superar sus problemas con el alcohol y se comportará como un buen superhéroe, o volverá a empinar el codo, dando lástima con su actitud de Anarquista Etílico[3]?
¡La respuesta te dejará asombrado, lector! ¡Cómprala antes de que se agote! (En El Corte Inglés la tienen en oferta).
[1] El conocido programa informático para manipular imágenes, hacer guerra sucia y burlarnos de la suegra poniéndole boca de payaso, entre otras aplicaciones.
[2] En Venezuela se les llama “peas lloronas” a las borracheras lacrimógenas en que los bebedores cantan boleros, se despechan, sufren por lo injusto del mundo y, por supuesto, lloran a moco tendido.
[3] Según el filólogo y filósofo contemporáneo Humberto Seco, a diferencia del anarquista ético que siempre es fiel a sus principios, el anarquista etílico es aquél que sólo quiere arreglar el mundo mientras está borracho. Al día siguiente sigue siendo el mismo tipo, perfectamente integrado al sistema (Seco, H. “Semiótica de los apocalípticos desintegrados”. Editorial Trotón. Bolonia. 1976. p.249)

















Para que se convenzan de que el poderoso mantra funciona de verdad, aquí tenemos un nuevo adelanto del tan esperado cómic del superhéroe orejón favorito de la clase obrera: El Burricornio. En esta escena vemos cómo el protagonista es burlado una vez más por el cruel destino y la indiferencia institucional de quienes siempre salen ganando con sus hazañas: Luego de tratar de cobrar varios meses de salario atrasado como Defensor de la Justicia Outsourcing, el Burry debe soportar que el Alcalde no le atienda porque se va de vacaciones a Europa. Así, nuestro amigo debe conformarse con un “veré que puede hacer por ti cuando regrese”. Atención al detallazo de que, como buen Paladín, el Burricornio encaja el terrible golpe de la indiferencia burocrática con el estoicismo digno de un Sócrates. Y mucho ojo también con esa preciosa chica de extraño pelo verde: Cándida Bueno, mejor conocida por sus amigos como “Candy”, quien jugará un papel de primer orden en las futuras andanzas de este sin par justiciero urbano de las mallas azules marcadoras de paquete.




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