
La figura emergente del Burricornio está llamando la atención de los medios de prensa. Reproducimos una crónica firmada por el periodista en práctica Bayron Gurruchaga Matute, aparecida en el rotativo El Ágora, de Calabozo, en donde se registra el fenómeno global del Burricornio here, there and everywhere…
EL BURRICORNIO. PERSONAJE DEL AÑO EN CLAVE BIZARRA.
En los más variados círculos se repite un extraño nombre que alude a un todavía más extraño sujeto, mezcla de ser humano, burro y unicornio; y, como si esto fuera poco, ¡este híbrido pasa por superhéroe y paladín de los desamparados! Sin más preámbulos, "ECCE BURRICORNUM".
Si el desprevenido lector de estas líneas enciende la TV o el receptor de radio o, yendo al kiosco de la esquina, compra religiosamente el prestigioso y siempre veraz diario EL ÁGORA, no tardará en hallar alguna nota o comentario casual sobre un individuo en boga por estos días, un individuo de quien se puede decir con propiedad que "mete la cola en todas partes", y también las pezuñas, los cuartos traseros, el tronco y las orejas de burro...
La condición singular del Burricornio ha suscitado interés en los ámbitos más diversos. La siguiente crónica da cuenta, precisamente, de la atención transversal de este fenómeno.
EL BURRICORNIO EN LA CULTURA POPULAR
El pueblo llano ha volcado su interés por nuestro personaje en las más variadas expresiones del arte popular y el cachivache cuentero. En las calles se aprecia toda suerte de chucherías relacionadas con el orejudo superhéroe, juguetes, suvenires, golosinas, etc.
Entre los primeros, llamó nuestra atención un set a pilas forjado en riguroso poliuretano representando la clásica paliza infligida por un grupo de facinerosos sobre el lomo paciente del Burricornio. El set, fabricado en China, incluye una panoplia en miniatura de cachiporras, bates, cabillas y vigas de hierro, sabiamente dispuestas para el sano regocijo de los pequeños.
Por otra parte, las expresiones de la religiosidad popular se traducen en una amplia variedad de accesorios: inciensos con aroma a burro trasijado, hostias de afrecho, cirios corniformes y, especialmente, velones aromáticos con la figura del pollino que se expenden en las perfumerías; los devotos las encienden para atraer sobre sí la inmunidad del Burricornio, mientras rebuznan fervorosamente invocando la simpatía y la benevolencia del alto espíritu burricorniano.
En la música, un nutrido repertorio de canciones alusivas se ha plasmado en forma de baladas, sandungas, corridos, mazurcas y zarabandas. En las emisoras de radio no cesan de sonar "A lomos del Burricornio", "El burrete cachón", "Las muchas gracias del burro", "El Burricornio azul", "Burricornio sin estribos", "El burro hablando de cuernos", "Jálale el mecate al burro", etc.
Aún más amplia es la literatura oral. La tradición popular le atribuye al Burricornio insólitas cualidades y ya se ha desarrollado un robusto cuerpo de leyendas, sentencias y cuentos de viejas sobre las supuestas proezas del susodicho, enriquecidas y exageradas conforme viajan de boca en boca. Así, es ya proverbial la conseja denominada "Burricornio y el diablo", según la cual nuestro héroe sostuvo un duelo de oprobios y vejámenes con el maluco, encuentro que terminó cuando, en implacable retahila, el apezuñado -en este caso el Burricornio- invocó los más bullados guisos de especulación financiera perpetrados en el mundo civilizado, causando el sonrojo en tonos granate del cachudo -en este caso el diablo- ya sonrojado de suyo, y su hundimiento clamoroso en las simas infernales.
EL BURRICORNIO Y EL MUNDO ACADÉMICO
Pero en el ámbito académico es donde la naturaleza ambigua del Burricornio se ha convertido en apasionada materia de discusión, haciendo reverdecer los gloriosos alegatos de la escolástica bizantina: "¿Tiene ombligo el Burricornio?", "¿Qué fue primero, el burro o el unicornio?" "¿En qué familia zoológica del Bestiario se le debe catalogar?", son algunas de las preguntas que desasosiegan a los estudiosos. A tal punto ha llegado el calor de la discusión, que, pasando de las palabras a los hechos, sucedió que a la entrada de la Universidad de Dresde, dos eminentes doctores en ontología comparada se trenzaron a puños y escupitajos por una diferencia de opinión acerca del tópico "Los cascos del Burricornio ¿son de burro o de unicornio?", dilema suscitado en el contexto del seminario denominado "El ser en sí del Burricornio; hacia una hermenéutica definitiva de las propiedades inherentes al sujeto intrínsecamente considerado". Pero más allá de estas sabrosas anécdotas de pasillo, las disquisiciones académicas han alcanzado alturas insospechadas con la publicación de abstrusos ensayos que intentan discriminar lo real de lo ilusorio en una materia tan peluda y porfiada de acometer como es la naturaleza huidiza de nuestro personaje. Así, han visto la luz, por mencionar algunos títulos: "Teleología del asno cornado en el devenir de la postmodernidad transecuménica", del hispano-alemán Erik Peñaloza Von Klauss, (704 páginas); "Semiología del rebuzno articulado: el caso Burricornio", del germano-israelí Estanislao Honnerbaumhörowitz (1.482 páginas); "El Burricornio: ¿Salto atrás evolutivo o superación del gaznápiro doméstico?" (7 páginas y media) y "La paradoja del Burricornio: ¿vaporosa idealización simbólica o grosero escarnio sensorial?" (4.793 páginas), ambos del danés Kazdrms Fehltzminkdfrtsen.
EL BURRICORNIO, SUPERVENTAS LITERARIO
Lamentablemente, estos valiosos aportes no habían traspasado los umbrales de la Academia, privando así al palurdo común, sediento de estímulos intelectuales, de interesantísimos tópicos para la hora del té. Un grupo de filántropos, decididos a reparar esta falta, llevaron los voluminosos tratados a las editoriales, convencidos de las bendiciones que para la Humanidad supondría su atenta lectura, pero lo sucedido en la oficina de un famoso editor ilustra el resultado general de esta empresa. El sujeto de marras, con el mohín propio de una zarigüeya en trance de apareamiento, demostró muy poca fe en el éxito de los libros eruditos sobre el Burricornio. En cambio -y al decirlo un tenue rubor nos embarga-, le pareció muy buena materia para el filón, más frívolo y jugoso, de las novelitas rosa, el Best-Seller o los libros de autoayuda. Y sin pensarlo mucho, garrapateó unos títulos sugestivos en una hoja, ante la mirada estupefacta de esos santos varones: "El triángulo de las Bermudas y el Burricornio místico", "El Burricornio y las amazonas alienígenas", "El burricornio: arquetipo ignoto de sanación", "Domestique su burricornio interno", "El burricornio: la última profesía de Lourdes ¡revelada!", "Raspadura de burricornio: el talismán de los sabios"... La circunstancia de que no hubiese a la fecha ni una sola línea escrita de tales engendros, no le quitaba el sueño a nuestro editor, que confidenció tener en carpeta una legión de escritores profesionales dispuestos a llenar cuartillas hablando del perpetuum mobile o la cuadratura del círculo a cambio de migajas, cuantimás para urdir toda suerte de peripecias extravagantes sobre el Burricornio, condimentadas aquí y allá con alternativas libidinosas y equívocas tan del gusto del gran público. Por supuesto, los prohombres renunciaron a su intento de divulgar las sabias disquisiciones sobre el Burricornio y, luciendo una mueca de olímpico desprecio, se retiraron con la convicción de dejar al prójimo sumido en el más profundo oscurantismo. Al cierre de esta edición, los principales medios de prensa saludaban con entusiasmo la aparición de un "clásico instantáneo" titulado "El Burricornio en el serrallo de las odaliscas insaciables".
EPÍLOGO
Sea lo que fuere del Burricornio en el futuro cercano, este cronista y el insobornable diario El Ágora han de mantenerse alertas para llevar puntualmente hasta sus hogares las últimas novedades de este inaudito personaje, en aras de cumplir con la sacrificada obligación de llevar a su público la información más veraz, oportuna y relevante.
...Y mañana, otro apasionante tópico de actualidad: ¡la urticaria ovina y su impacto en la industria del chaleco cuello de tortuga!
Igson González




